Ocio y Cultura

Con el buen tiempo llega la fiesta

Aunque hayas estado antes en la ciudad (y yo estuve años atrás el día del cumpleaños de la reina, cuando Ámsterdam se convierte en un gran pub atestado y la gente exhibe sus cacharros en las aceras), al principio es difícil orientarse. El trazado de los canales te confunde. Pero a quién le importa perderse en una ciudad tan acogedora. El Barrio Rojo es inevitable la primera noche. El río de gente te lleva, una vez que has entrado en uno de los coffee shops, también de rigor. Si es embarazoso el nostálgico humo verde que te envuelve en los coffee shops al lado de tu hijo, que finge inocencia, no digamos las mujeres expuestas en las vitrinas. Pero para eso están los viajes de estudios. El Barrio Rojo se encuentra en obras. Hay un debate abierto sobre qué hacer con él, si ha de abandonarse in aeternum al comercio del sexo el corazón de la venerable ciudad. Yo creo que está bien así, dice mi hijo.

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